Mundo de ficçãoIniciar sessão—Ven —le dije—. ¿Cómo sabes de ese sitio?
—Por las paredes, la forma de la cama, hasta son las mismas malditas sábanas… Ahí llevaban a las mujeres que iban a comerciar, a las puras para que fuesen entrenadas —expresó con dolor—. El problema es que los que me tenían secuestrada, decían que eran demasiado blandos y que lo mejor es que ellos mismos nos entrenasen poque n







