POV : Aslin Ventura
Pensé que lo peor ya había pasado. Que nada podía ser más humillante que haber sido entregada como un objeto. Que ya había sentido todo el dolor que un cuerpo puede soportar.
Pero no.
El verdadero tormento empezó después.
Alexander dejó de gritarme. De arrastrarme por la casa como un perro herido.
Ahora se dedica a... “cuidarme”.
Cada mañana entra con una sonrisa que me enferma. Me acaricia el rostro como si fuera su mayor tesoro, me dice que tengo los ojos más hermosos del