El silencio en la cabaña era casi opresivo. Carttal sentía la tensión en el cuerpo de Aslin, la forma en que sus dedos temblaban ligeramente al aferrarse a su camisa. Su mente trabajaba rápido, intentando encontrar las palabras correctas para calmarla, pero ¿cómo se podía suavizar algo así?
Después de unos segundos, Aslin se apartó lentamente de su abrazo. Su mirada, aún brillando con la sombra del shock, se clavó en la de él.
—Dices que mi madre era Isabela Lisboa… ¿qué significa eso para mí?