Ethan no respondió. Solo mantuvo la mirada fija en Alexander, con los dientes apretados y la mano cada vez más cerca de la pistola. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Aslin lo miró, aterrada, negando con la cabeza, suplicante.
—No lo hagas… por favor —susurró, apenas un hilo de voz.
Pero Ethan ya lo había decidido.
Sacó el arma en un movimiento rápido.
Un disparo cortó el aire.
El cuerpo de Ethan se sacudió hacia atrás. El impacto lo lanzó contra la puerta del SUV. Aslin gritó.
—¡NO! —