Capítulo XXXVII. Mentiras arriesgadas.
Yvaine.
Yo como siempre que ese hombre me tocaba, me entregue a él sin oponer resistencia totalmente rendida, gimiendo con cada caricia con cada beso, cuando ya prácticamente pensaba que había roto las barreras para que mi marido me hiciera el amor, se desato los infiernos.
En un momento se abrió la puerta del camerino con tanta fuerza que se estrelló contra la pared, y una pelirroja furiosa, seguida de un asistente moreno de ojos azules entraron en el pequeño cubículo, ni siquiera nos prestab