SOBRE MICHAEL Y YO
Michael entró en la sala. La enfermera me miró con lástima y salió.
El silencio invadió el cuarto blanco. Podía oír nuestras respiraciones.
Sabía que no era una actitud que Michael tendría con cualquier paciente. Pero me abrazó. Y yo correspondí, dejando que las lágrimas tibias rodaran por mi mejilla.
Esperé la noticia que vendría de sus labios, imaginando lo difícil que debía ser para él decírmelo.
Michael entrelazó sus dedos con los míos y se colocó frente a mí, junto a la