LA NIÑERA ANZUELO II
— Yo no osaría demandarlo por acoso, señor Enzo —intentó tranquilizarme ella.
— Pero Manzanita sería capaz de demandarme por traición —grité y me levanté del sofá, aturdido, caminando de un lado a otro—. Si no tienes una enfermedad grave, juro que te mato con mis propias manos —la amenacé.
— En ese caso, ella lo demandaría, señor. Por intento de homicidio.
Shirley se levantó, pareciendo muy bien.
— ¿Eso… fue una mentira? —pregunté, furioso.
— No, señor Enzo… juro que me sen