Sus manos comienzan a descender de mi cintura a mis muslos, después su mano sube lentamente mi falda y la coloca en ese centro que me palpita por el deseo.
—David, —gimo, —¿qué haces?
—¿No es más qué claro lo que estoy tratando de hacer? —pregunta, pero hay ese tono de complicidad y lujuria en su voz.
Claro que lo sé, pueda que lo haya preguntado porque quería oírlo de su boca, ya que eso me excita mucho más.
—No, no lo sé —miento mientras gimo de nuevo, quiero jugar con él y sé que a David tam