La situación se torna tensa, y Hilda no duda en expresar su descontento.
—Tú no eres nadie para decirme qué hacer. Si quiero ver a mis nietos, los veré. Si quiero esperar a David afuera de esta casa para hablar con él, también lo haré. Recuerda tu lugar, mujer —espeta la mujer con una voz dura.
La abuela que antes abrazó tiernamente a Axel ahora parece una sombra distorsionada de sí misma. Mis dudas sobre mi intervención se intensifican, y admito internamente que quizás no debí haberme involucr