ANDREA
La habitación comienza a girar y estoy luchando por recuperar el aliento cuando la punta de su lengua entra en mi boca.
Es una caricia curiosa al principio. Una rápida provocación que hace que todas mis terminaciones nerviosas se me pongan de punta. Entonces gimo y él regresa por otra probada… y todo se convierte en más.
Más profundo, más intenso. Cómo si ninguno de los dos pudiera controlarse.
—¿Hubo más que un beso? —pregunta en un tono bajo, mientras nuestras respiraciones se regulan.