ANDREA
Cuando llego a la oficina de la directora, le informo a la secretaria que estoy aquí en representación del señor McKibbon. Luego de que le da el aviso a la directora, me señala con la mano para que pase a la puerta contigua. Llamo antes de entrar, y, cuando me lo indican, entro en la habitación.
Al entrar, me encuentro con dos pares de ojos inquisidores. Siento que he ingresado a un campo de batalla. Escaneo a las personas de la sala: una mujer de unos 30 o 40 años me está mirando con f