Abro mis ojos a regañadientes. La voz de Alex en forma de murmullo hace que me despierte.
Giro mi cabeza hacia la mesita de al lado para fijarme en el reloj, son las seis de la mañana y él ya está peleando por algo.
Lo escucho perfectamente maldecir en voz baja en un intento inútil por no despertarme.
Alex está sentado en su escritorio, con los ojos fijos en su laptop. No tengo que observarlo mucho para darme cuenta de que algo no anda bien.
En los últimos tiempos, las malas noticias nos han