—Está todo listo muñeca, podemos partir en cuanto lo desees —me informa Ben, entrando a mi despacho.
—¿Los vigilantes no serán un problema? —inquiero revisando los informes sobre el envío que le hicimos a Belucci hace algunos días.
—No, ellos serán como una tumba, además, sabes que tenemos infiltrados a algunos de nuestros hombres.
—Perfecto, en ese caso vayamos a darle el último adiós al Primer Ministro.
Salimos junto con todos nuestros hombres y tal como lo prometió Ben, otros tantos de nuest