—A veces por ahí entra la verdad, dramática y con pésimo sentido de la puntualidad.
Casi sonreí. Pero no pude del todo.
Porque sí. Algo había cambiado.
No había perdón. No había confianza. No había una reconciliación mágica envuelta en el testimonio de una mujer asustada. Pero la foto de Isabela ya