Damián se acercó lo suficiente para que pudiera tocarme, pero no lo hizo.
—Si me pides que me vaya, me voy.
Lo miré con los ojos húmedos y el pecho lleno de una rabia vieja que ya no sabía dónde guardar.
—Estoy cansada de que te vayas.
Su expresión cambió. Apenas. Lo suficiente para que yo supiera q