208. AGARRADOS
Grita Eva aterrada, al ver a los secuaces que ella conoce muy bien, no son los que acostumbra a traer por el día y que todo el mundo conoce. Son aquellos que aparecen nada más cuando él personalmente los llama, y que nadie quiere ver ni encontrarse en sus manos.
—Yo había venido hoy a conversar civilizadamente contigo —comienza hablar fríamente—, ¿y que me encuentro? Tú, con tu amante gastando todo el dinero que te dejé para que comieras y pagarás todas las cuentas en un casino
—¡No es a