127. PAPÁ
Me pongo de pie y avanzo hacia la puerta, al ver que se ha quedado mirándome fijo me detengo. Y es que me doy cuenta de que está realmente emocionado, giro sobre mis pasos y voy lo abrazo fuerte al tiempo que le digo.
—Eres mi papá adorado, siempre lo has sido.
—Me hubiera gustado ser siempre así como somos hoy, ¿podemos a partir de ahora mi niña, seguir siendo así? ¿Puedo seguir siendo tu confidente, tu amigo secreto, o tu mejor amigo?
—No
—¿No? —pregunta desilusionado.
—No hace falta que sea