A la mañana siguiente por primera vez en mucho tiempo Aidan está durmiendo a mi lado.
Parece relajado.
No puedo evitar sonreír al verlo tan sexy.
Recorro su mandíbula con uno de mis dedos e inmediatamente él se despierta posando sus increíbles ojos azules sobre los míos.
Estos enseguida brillan al verme y me siento derretida frente a él.
—Buenos días pequeña, ¿Cómo dormiste?
—Increíble, no quiero irme pero quedé con Genevieve en ayudarla a preparar la fiesta de Aleix.
—Yo tampoco quiero que te