Julia observaba en silencio mientras él comía, con sentimientos encontrados.
Después de que terminó, ella se inclinó para recoger la fiambrera y dijo, sin mucha convicción:
—Si estás cansado, deberías dormir un poco.
—¿Ya te vas? —preguntó él, con los ojos inyectados en sangre por el cansancio.
—¿No quieres que me vaya? —respondió ella.
Andrés negó con la cabeza y le tomó la mano.
—Quédate conmigo un rato.
Ella rara vez se mostraba tan dócil, y a él le encantaba. No quería que se fuera tan pront