Se sentó en la cama, la cubrió con una manta ligera y la abrazó, meciéndola suavemente como si fuera una niña.
Julia sintió el calor familiar y se acurrucó instintivamente contra él, como antes, durmiendo en su cálido abrazo. Le encantaba el abrazo de Andrés. Tenía un suave aroma a cedro que la hacía sentir tranquila y segura.
Pasó la noche.
Al día siguiente, Julia despertó en los brazos de Andrés, sus grandes ojos llenos de confusión. —¿Por qué dormiste aquí?
Habían dormido juntos en la cama de