Julia, con determinación, mordió la lengua de él.
Andrés la soltó adolorido, con un hilo de sangre en la comisura de los labios. Lo limpió y su rostro se oscureció. —¿Te gusta tanto morder?
Julia notó un destello frío y afilado en sus ojos, se asustó e intentó retroceder, pero él la sujetó por la cabeza y le mordió la clavícula.
Le dejó una profunda marca de dientes, haciéndola sangrar.
Julia frunció el ceño de dolor. —Andrés, suéltame, me estás lastimando...
No solo no la soltó, sino que le suj