Julia salió de la estación de policía con el corazón revuelto, sin saber cómo afrontar esta situación. Después de pensarlo, decidió llamar a Daniel.
Daniel guardó silencio un momento antes de consolarla: —No te alteres, enviaré a alguien a buscar el paradero de Anita.
—¿Podremos encontrarla?—, preguntó Julia.
—Lo intentaré—, Daniel la tranquilizó un poco más y colgó.
En su oficina, Regina le sirvió un café a Daniel y le preguntó: —Señor Ruiz, ¿en verdad ayudará a la señorita Gómez a encontrar a