21

Me siento en la cama llevándome las manos a la cabeza, permaneciendo inmóvil. Las lágrimas se acumulan y me muerdo el labio a tal punto de sentir un sutil sabor a óxido.

No tiene sentido que llore, llorar no solucionara el hecho de que he perdido a alguien más por mi culpa. Cierro los ojos con fuerza y vuelvo a recordar lo de hace unos minutos.

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