Como ocurre la mayoría de las noches me congele en mi habitación y por ello, tome unas cobijas y me dirigí hacia la sala.
Para llegar a la sala debí pasar por las habitaciones y la de Federico, no pude evitar escuchar gemidos que provienen de su cuarto. Es evidente lo que está haciendo con Amanda.
Los ignoré y me acerqué a la chimenea, la encendí y luego me recosté en el sofá, arropada con mi cobija. Esto es gloria comparado con mi cama pequeña y la habitación helada.
Es increíble la ironía la e