Su aliento contra la piel de mi cuello hace que todas mis defensas restantes se desmoronen en un instante. Cierro los ojos, intentando tragar el nudo que se ha formado en mi garganta.
La excitación de la fase de calor que había intentado suprimir estalla de nuevo, exigiendo una satisfacción que solo el hombre ante mí puede proporcionar.
—¿Quizás huyendo de esta sed tortuosa? —vuelve a susurrar Mateo. Esta vez, sus labios no solo rozan el lóbulo de mi oreja; liberan un aliento cálido que hace qu