—Se te escapa un detalle —dije, con voz neutra—. Yo no te amo.
Su rostro palideció. La sonrisa que había brillado en su rostro momentos antes se apagó, y sus ojos reflejaron una tristeza profunda, casi desgarradora.
—Es imposible —respondió, su tono severo y su mandíbula tensa—. Si eres mi mate, debes sentir lo mismo que yo.
—Pues ya ves que no —contesté, intentando mantenerme firme.
—Adalyne, no me mientas, por favor —dijo, y pude oír la suplica en su voz.
—No lo hago. Te estoy diciendo la ver