No puedo quererte...
—Tú eres mía —dijo con voz fría y cercana—. Y pude sentir cómo mi sangre hervía por estar tú con alguien más —sentenció.
—¿Qué sentiste exactamente? —pregunté con genuina curiosidad.
—Que algo me quemaba por dentro —dijo con voz apagada.
—Sentí lo mismo, por ende, solo fueron besos. No pasó nada más —afirmé, guiñándole un ojo. Me subí al auto y fijé la mirada en la ventana, intentando ocultar la turbulencia que sentía por dentro.
Él se subió y dio la orden de que nos llevaran de vuelta a la man