Salimos de la casa y rodeamos el jardín, atravesando el enorme portón negro. Caminamos sin rumbo fijo.
—Adalyne… ¿puedo hacerte una pregunta? —dijo Raffa de repente.
—¡Claro! —dije con una sonrisa falsa que, por supuesto, él no notó. Después de todo, soy la mejor actriz del mundo mundial.
—¿Te gusta alguien? —dijo, mirándome fijamente.
—Es complicado —admití—. Pero creo que sí.
—¿Puedo saber de quién se trata? —dijo, arqueando su ceja derecha.
—Supongo… —A jugar—. Se trata de ti, Raffa. No sé s