38. Confiaré en tí
Alexander
Su belleza era hipnotizante, reflejada en las aguas serenas del río, su pequeña figura iluminada por la suave luz de la luna, como si la luna misma estuviera tratando de atraparla en su abrazo plateado.
Pero ella era mía; ni la luna ni nadie podía alejarla de mí. Me acerqué sigilosamente, observando cada uno de sus detalles. Sé que puede percibir mi presencia, pero no se gira para buscarme.
Cuando estuve a unos centímetros de ella, la abracé por la espalda, apoyando mi cabeza en su