Capítulo 4

La semana pasó más rápido de lo que esperaba, y sin darme cuenta, habíamos llegado al día de la excursión.

La verdad es que mis compañeros del instituto estaban muy emocionados, ya que era lo único de lo que se hablaba en el pasillo. Después de aquel feo encuentro con Rose y su grupito, Sahira había estado muy callada, algo que agradecía. Ellas tampoco me habían vuelto a molestar, lo que era todo un milagro. Parecía que daban más importancia a la excursión, aunque sospechaba, por el tipo de conversaciones, que sólo querían ser el centro de atención (y follarse a algún nativo de allí, por lo que había escuchado una vez).

Como yo iba a ser la excepción y pasar las noches en la cabaña, había decidido llevar ropa cómoda pero que me permitiera realizar cualquier movimiento. Eso incluía unas mallas ajustadas, un sujetador deportivo y una sudadera, todo de color negro. Había pensado en usar la típica ropa de camuflaje, pero... decidí que sería mejor atarme varias hojas: así también se me pegaba el olor y podría pasar desapercibida más fácilmente. También había hecho una mochila con cosas indispensables: un par de mudas de ropa, una brújula, dos botellas térmicas de agua de 1 litro, una manta, unas cerillas (y por si acaso, también un mechero), una navaja multiusos, un par de imperdibles, algunas cosas para tratar heridas leves (desinfectante, cicatrizante, vendas, gasas, esparadrapo y unos bastoncillos de algodón). También unas tijeras, una cuerda, un par de gomas y un par de cuchillos de caza, una linterna, un poncho impermeable, una pequeña pala multiusos (¿sabíais que existen palas que tienen una pequeña sierra en un lado?) y por supuesto, un cepillo para el pelo (podía soportar tener mal aliento, pero ¿el pelo enredado? ¡eso sí que no!). Cómo no sabía qué iba a encontrarme (sólo que iba a dormir en una cabaña, al menos no tenía que prever una tienda de campaña) prefería ir equipada. La mochila pesaba bastante, pero ya vería allí que me sobraba. Mis padres pensaban que estaba exagerando, pero era un curso de supervivencia... y nadie sobrevive llevando sólo la ropa. Ni siquiera mi yo de 3 años: estaba segura de que alguien me había tenido que ayudar pero por desgracia, no era capaz de recordar nada.

Estaba comprobando la mochila por décima vez cuando se abrió la puerta de mi habitación.

— Mar, cariño... ya casi es la hora de salir. ¿Llevas todo?

— Sí, creo que sí. He revisado la mochila y parece que está todo

— ¿No crees que estás exagerando un poco? Es un curso de supervivencia, no vas a tener que vivir meses en un bosque.

— Si tuviera que vivir meses, tendría que meter algunos cuchillos más de caza, más cuerdas y más botiquín de primeros auxilios, además de aguja e hilo entre otras cosas...

— Bueno, como tu quieras... es tu decisión. Pero yo creo que estás exagerando un poco.

— Más vale que sobre y no que falte.

— Y hablando de cosas que sobren y no que falten... ¿has cogido el móvil, el cargador y la powerbank?

— ¡Mierda! ¡Me olvidaba de la powerbank! ¡Gracias mamá! — grité mientras corría hacia los cajones de mi mesilla y empezaba a abrirlos con fuerza para buscar un cable adicional de tipo C y la powerbank solar.

Mi madre suspiró mientras veía el desorden que estaba haciendo en cuestión de segundos: mi cama empezó a llenarse de todo tipo de cosas.

— Supongo que recogerás después todo eso.

— Lo siento mamá... no me va a dar tiempo.

— Entonces lo recogerás a la vuelta.

— ¡Lo tengo! — grité eufórica y corrí a guardarlo todo en la mochila.

—Cariño, ya es la hora. — Dijo mi padre entrando por la puerta.

Me puse la mochila y salimos de casa. Mis padres iban a llevarme hasta el autobús escolar. Desde allí, iríamos al aeropuerto para coger un avión y después, tendríamos unas dos horas en otro autobús hasta llegar al destino. Yo estaba tranquila, porque todo el viaje íbamos a estar rodeados de profesores, así que no se atreverían a hacerme nada.

***

Estábamos atravesando una montaña cuando el conductor avisó de que llegaríamos en 20 minutos. Nunca había salido del pueblo, así que observaba todo muy atenta. Tal y como había supuesto, mis compañeros se habían limitado a ignorarme, aunque me sorprendió saber que habían intentado planear una jugarreta. Hubiera viajado sola y empapada si no hubiera sido por Laida, que se sentó a mi lado para leer. Sus palabras habían sido: "No tengo ningún otro sitio en el que leer tranquila. Por cierto, escuché que querían fingir un tropiezo y empaparte de zumo de melocotón, pero me vieron escucharlos. Así que no se atreverán a hacer nada si me siento en el lado del pasillo, porque puedo ponerles la zancadilla. Espero que no te moleste tener una compañera en el viaje ". Puede sonar raro escuchar todo eso tan solo para decir que no tenía dónde sentarse sin tener problemas, pero así era nuestra relación. Ambas éramos lo más cercano que teníamos de una amistad y la información de posibles trampas y encerronas era algo que nos agradecíamos de forma mutua. El viaje pasó sin contratiempos, exceptuando el miedo que tuve cuando el avión despegó y aterrizó. Por suerte, Laida estaba a mi lado y me tranquilizó mientras se reía disimuladamente. Siendo sincera, era la única persona que sabía que no lo hacía de forma malvada.

Supe que estábamos llegando cuando el paisaje cambió y un pueblo apareció en nuestro campo de visión.

Mariesh resultó ser un pequeño pero bonito pueblo, de casas sencillas con pequeños jardines y balcones abarrotados de flores de colores vistosos. Las paredes eran blancas y el suelo (excepto la carretera) era empedrado. Pude ver que tenía una cafetería, una heladería, un par de restaurantes (¿acababa de ver uno con tres estrellas Michelín?) y algunas tiendas de ropa. Rose y su grupo también las habían visto, porque estaban cuchicheando, muy emocionadas, de ver algunas marcas de lujo en el pueblo. Desde luego, nunca hubiera imaginado que en un lugar tan alejado, la ropa de lujo pudiera tener éxito. También vimos un par de hoteles de 5 estrellas. Pronto nos quedó claro que si bien el pueblo estaba alejado, su nivel de vida era muy elevado.

El autobús finalmente paró y nos bajamos... para quedarnos todos boquiabiertos: con varios carteles con nuestros nombres, nos esperaba la comitiva más divina que jamás hubiéramos visto. Digo divina porque esas chicas y chicos tenían una belleza inigualable. Las mujeres tenían un cuerpo atlético envidiable y eran las mujeres más hermosas que jamás había visto: labios sensuales, ojos grandes, pelo perfecto y curvas de infarto, además de un cuerpo perfectamente tonificado y bien entrenado que se veía con claridad a través de la ropa ajustada que llevaban. Los hombres tampoco eran menos: con camisetas de manga corta MUY ajustadas, podíamos ver perfectamente unos brazos muy musculados y unos abdominales de infarto. Estaba convencida que si se quitaban la camiseta, tendrían una V perfectamente marcada. Cuando pude despegar los ojos de los abdominales, me fijé que tenían unos ojos grandes de mirada penetrante, con un toque de peligro que me pareció increíblemente sexy.

"Esos sí que son hombres de verdad y no lo que te rodea" escuché decir a Sahira por primera vez en una semana... y por primera vez, mi locura y yo estábamos de acuerdo. "Por cierto, espabila, que te están mirando".

Aquello me sacó de mi ensoñación y me fijé en las personas que estaban detrás de esos dioses. Eran más mayores y me estaban mirando con... ¿sorpresa? ¿incredulidad? ¿intriga? Era difícil interpretar aquellas miradas. Sin embargo, parecía que no podíamos dejar de mirarnos mutuamente.

— Hola a todos, muchas gracias por venir a buscarnos. No esperábamos este recibimiento. — dijo la profesora Paula provocando la ruptura visual.

— No hay de qué. Queríamos asegurarnos de que vuestra llegada fuera sin incidentes. — respondió avanzando a la primera fila uno de los que me había estado mirando: tendría unos 49 años, tenía el pelo negro azabache y unos ojos azules muy intensos. Parecía el líder de la comitiva.

— Muchas gracias. El viaje ha sido largo pero sin problema. ¿Podrían por favor, indicarnos dónde vamos a alojarnos? Estamos cansados y nos gustaría dejar el equipaje. — Dijo la misma profesora.

— Por supuesto. Sin embargo, necesitamos saber quién ha sido la ganadora, ya que tal y como fueron informados, ella tendrá un curso más intenso y pasará las noches en una cabaña. La chica no correrá ningún peligro. — Le respondió el mismo hombre. Sin embargo, una fugaz mirada hacia mi persona me dió a entender que él ya sabía que era yo.

— ¡Ah, es verdad! Ella es Mar, es la ganadora. — dijo Paula señalando en mi dirección — Por cierto, mi nombre es Paula.

— Un placer, Paula. Mi nombre es Alfred y soy el encargado de asegurar que todo se desarrolle correctamente. — Respondió el líder con una media sonrisa que lo hizo parecer aún más sexy. Inmediatamente se giró hacia los chicos más jóvenes y dijo con voz autoritaria — Coged los equipajes y llevadlos al hotel. Después debéis venir a mi casa para empezar a preparar la experiencia.

— Por supuesto, Alf..red. — dijeron con ligera extrañeza y empezaron a moverse.

— Mar, ven conmigo. Debo llevarte personalmente a la cabaña por tu seguridad. Se encuentra en el bosque y allí hay algunos animales salvajes. Tu seguridad es nuestra prioridad. — dijo Alfred.

— Alfred, vamos contigo. — dijeron rápidamente los que parecían más mayores.

"No les digas nada de que existo. Ni siquiera les menciones que me escuchas. Mar, por primera vez en tu vida, confía en mi. Nadie debe saber de mí, aún no".

Me sorprendí de que Sahira me pidiera aquello con preocupación. Era la primera vez que me hacía una petición semejante y no sabía qué pensar.

— Claro, no hay problema. — dije en voz alta, sin saber si estaba respondiendo a Alfred, a mi locura, o a ambos a la vez. Cogí la mochila y les seguí.

Comentario de la autora:

¡Hola a todos! ♥️ Muchas gracias por leerme ♥️ Este capítulo ha sido más largo pero espero que lo hayáis disfrutado. El capítulo 5 ya se encuentra disponible ♥️

Me hace mucha ilusión que sigáis leyéndome. ¿Qué os ha parecido la comitiva de bienvenida?

¡Os quiero mucho a todo/as! ♥️

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