Seguí a Jake en silencio hasta el comedor. No quería hablar con él después de lo que había pasado ya que no me fiaba de mí misma: tenía que encontrar una forma de evitar o contrarrestar el impulso de las Lunas.
El comedor no estaba en sus mejores momentos: las mesas tenían múltiples arañazos y roces provocados por el desgaste. A las sillas les habían arrancado la zona mullida y habían puesto pequeñas tablas para tapar los agujeros. Los vasos eran de publicidad y de plástico. Los platos de crist