Capítulo 38.

A la mañana siguiente fui despertada por un grito enojado y pisadas en huida de pequeños pasos.

Me estiré para desperezarme y fue así como me encontró su alteza el idiota número dos: Cole.

—Te dije que te vería hoy. — Dijo frunciendo el ceño con una mirada de desaprobación a mi lindo atuendo de cama.

—Si, lo hiciste. — Dije con dulzura. — ¿Cuál es el problema con ello?

—Que no estás vestida y tenemos cosas que hacer. — Dijo cruzándose de brazos.

Yo arqueé una ceja.

—Si, lo mencionaste también.

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