Capítulo 30.
AMARA CORTÉS.
Escucho gritos dentro de la casa, insultos, golpes, muebles romperse y Aaron me saca del edificio para evitar que siga escuchando los problemas familiares que lo hacen ser una persona como cualquier otra.
— Perdón, siento mucho que tengas que ver cosas como esta. —Pongo las manos sobre su rostro.
— Oye, no tienes que pedirme perdón por nada —Me mira a los ojos— yo no siento vergüenza o pena por ti.
— Después de esto puedes sentir lo que quieras, tendrías razones.
— ¿De verdad