77. El CEO Da Silva destrozado
Sin poder creerlo, se aferró a la espalda de una silla. Sentía ganas de vomitar después de haber escuchado semejantes atrocidades, y no solo se le nubló la vista por las lágrimas de impotencia de que de pronto se hicieron presentes, sino por el terrible mareo que lo atravesó y sacudió su mundo entero.
Sus peores miedos se hicieron realidad y cobraron forma humana al buscar los ojos de aquella mujer. Esa que amaba, esa que creyó que lo amaba de vuelta y en quien confió ciegamente, esa que había