Alekos amaneció muy temprano, pero con más energía de lo habitual. Iría a la oficina a trabajar, pero primero pasaría a desayunar con Irina. Mientras se vestía, vio las marcas que Dakota había dejado en su hombro y no pudo evitar sonreír.
Cuando Alekos llegó a la casa de su padre, Ravelli todavía