—Puedes tener tu huerta aquí o en la casa de campo; también puedo vender y junto a lo del rancho de mi abuelo, podemos comprar una casa para ti —Dakota hablaba con sinceridad—. Me encantaría que te quedaras.
—Te adoro, hija. Me quedaré aquí. Luego vemos los detalles —aceptó Teresa, que no quería s