-Isabella, escuchó decir... y es el moribundo de Francisco.
-¿Qué diablos quieres idiota?, le pregunté perdiendo la paciencia al recordar que por su culpa estamos en esta situación.
No puedo creer que existiendo tantas personas en el mundo, justo con Francisco tengo que estar aquí...¡maldito imbécil!, sigo cuestionándome porqué estoy ayudándolo.
-No puedes dejar que te encuentre... es lo que pude escuchar antes su último suspiro... ¡Adiós Francisco!
Pero como dice el dicho, yerba mala nunca mue