Mi cerebro da vueltas. Los besos de Clint tienen ese efecto en mí. Tardo un momento en volver a la realidad y, cuando lo hago, me doy cuenta de que todo el restaurante se ha quedado en silencio. Miro a mi alrededor y veo que todo el mundo, y me refiero a todo el restaurante, ha dejado de comer y nos está mirando.
Mis mejillas se calientan por el rubor. Me ha reclamado. Me ha reclamado delante de un restaurante lleno de miembros de la manada. Vuelvo a mirarlo y no me quita los ojos de encima. No