’¡Choca esos cinco Alfa! ¡Te luciste!’, me dice Chase a través de nuestro vínculo mental para no delatar que el regalo es mío.
No puedo evitar la sonrisa que se extiende por mi rostro. Me siento en las nubes, exuberante, en la cima del mundo. Nada en mi vida me ha parecido tan trascendental como este momento.
Observo cómo da el primer mordisco y su gemido de placer hace que mi polla se agarrote en mis pantalones. Mierda.
Pero son sus siguientes palabras las que hacen que se me ponga dura como