A la mañana siguiente vuelvo a madrugar. Aún no estoy listo para unirme a las sesiones matinales de entrenamiento, pero quiero aprovechar cualquier oportunidad para observar a mi chica.
Me escabullo de nuevo en la habitación de invitados y abro la ventana justo cuando veo a su loba corriendo por la arboleda. Veo cómo se esconde detrás de los árboles y, unos minutos más tarde, sale vestida con su ropa de entrenamiento. Se dirige al campo de entrenamiento e inmediatamente los chicos empiezan a ec