Buscaba una salida de esta locura cuando mis ojos se cruzaron con los de ella. Sebastian la tenía contra la pared, alimentándose de ella mientras la machacaba. Nos miramos fijamente, aferrándonos a la mirada de la otra como a un salvavidas. Cuando me miró, dijo en silencio: "Estoy aquí". Mi corazón palpitó y le correspondí con mis propias palabras silenciosas: "No estás sola".
Se convirtió en nuestra rutina nocturna. Nos mirábamos a los ojos y, cuando nuestros vampiros estaban ocupados, nos dec