Capítulo 37

Los siguientes días, las cosas estuvieron tranquilas, incluso pudieron olvidarse un poco del peligro que corrían.

Tras la última curación a la pierna, Blanca y Ángela bajaron a desayunar. Todos esperaban allí.

―Buenos días ―dijo Ángela y se sentó, hubiese querido saludar a cada uno de un beso, pero su pierna le impedía mucho andar, debía reposar―. ¿Cómo amanecieron?

―B

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