Capítulo 30— El café
Elektra:
—¿Te gustó mi regalo? —me preguntó con una sonrisa instalada en su cara —Lo único que deseo es que tú y Dorian se hagan cercanos, los dos son muy importantes para mí, por lo que espero que disfruten de la cena
Asintiendo con una sonrisa tensa, me maldije a mis adentros al sentirme una desgraciada, descarada; porque él no se merecía mi engaño, y caminando para reunirnos con un par de asistentes a la gala, quienes eran conocidos de mi padre, la inquietud no paraba d