HENRICO ZATTANI
Muerdo su cuello, masajeando el lugar con mi lengua después. Ella gime y se retuerce y trata de actuar sin verse afectada, disfrutando de mi agarre. Me río, mezquino, tirando de su cabello con más fuerza. No solía gustarme el sexo duro, siempre he sido de los que hacen el amor ligero y sabroso, pero hay algo en esta chica que me vuelve loco, hambriento. Debe ser esa puta mirada que me lanza sin darme cuenta, prácticamente rogándome que entierre mi polla en su coñito, pero tambié