HENRICO ZATTANI
Respiro el aire fresco, sintiéndome segura y familiar por primera vez desde que salí de la cárcel. Guilhermino señala de una distancia a otra con una sonrisa plasmada en su rostro, orgulloso de tener por fin la oportunidad de mostrarme el crecimiento de los cultivos. Todo exhibido como un pavo real.
— Hiciste un buen trabajo. Comento, mirando el vasto arrozal. — Gracias por no abandonarme y creer en mí. Siento su mirada perforar mi piel, enfocada en lo que estoy diciendo.
Bufido