Dicen que quien juega con fuego se quema, y Brooke no parece darse cuenta como poco a poco se ha dejado arrastra por lo que siente por Esteban. Su deseo de venganza hacia él se había ido convirtiendo en deseo de ser constatemente suya. Sus encuentros son más continuos e intensos.
Cada vez que están cerca, el uno del otro son como cerillo y gasolina, una sola chispa y explotan de deseo, de lujuria, de ganas. Para la pelirrubia es cada vez más difícil negarse a sus emociones. Es como si al estar