El testamento

Los rayos de luz golpeaban de frente contra el rostro de Noah, lentamente abrió los ojos, se sentía agotado y sin deseos de levantarse, al llevar la mirada al reloj cerró los ojos nuevamente y gruñó.

—¡Mierda!, como puede ser tan tarde, si no me apresuro no alcanzaré a llegar a la lectura del testamento —Noah se dirigió a la cocina y bebió un vaso de jugo con aquellas pastillas que hacían que su malestar general desapareciera.

A toda prisa lavó su cuerpo, se vistió y fue a la entrada principal
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