Capítulo 43.
Simone.
Dejo que los besos de Edmond acunen en mi boca, nuestras lenguas pelean por llevar la voz cantante; se siente tan bien, tan excitante sentirme deseada por este hombre. Sus manos se pierden en mis curvas; las mías sueltan los botones de su camisa, me muero por percibir el delicioso calor que desprende su torso musculoso. Hace mucho no teníamos un momento así desde aquel catastrófico viaje a la playa. Todo ha sido trabajo, y citas escalonadas con la psicóloga. Él me estaba dando el tiempo