Edmond.
La mentira tiene patas cortas, era el refrán que decía mi abuelo cuando; tarde o temprano la verdad termina flotando para bien o para mal. Permanezco oculto en la habitación de al lado. Oigo sus pasos cuando dejan la de Ingrid. La estuve buscando, fui a la fogata, caminé por toda la orilla de la playa, pregunté a los demás si la habían visto, fue en vano; parecía que las olas del mar se la habían llevado consigo. Siempre es así, ella sale corriendo de mis manos, yo la persigo preocupado