Capítulo 45. Los hombres son unos imbéciles.
Marcos abrió los ojos y lo primero que notó fue el silencio, la habitación estaba oscura, se giró hacia un lado y se encontró con los ojos acusadores de su padre.
―¿Dónde está Anna? ―preguntó con voz ronca, le dolía la garganta por la entubación de la anestesia, además del dolor en su testículos.
―En su habitación, llorando por la estupidez que acabas de hacer ―respondió su padre con no muy buena cara.
―¿Qué hago yo aquí? Pedí que me llevaran a la misma habitación de Anna después de la operació